Te veo, sentada frente a mí.
Tus manos tiemblan.
Tus ojos huyen.
Tratas de esconderte
detrás de tu sonrisa,
para que no se note tanto tu miedo.
Y yo embelesada, transportada,
transferida a una esfera de promesas.
Encandilada con ese fulgor
que se te desprende
y que el blanco de fondo
no hace más que aumentar
hasta lo insoportable.
No recuerdo qué nos decimos,
pero es irrelevante
porque todo alrededor habla
de que hemos venido a amarnos.
Todos los sonidos,
todos los aromas, los sabores...
Todas las señales.
Sólo te veo inmensurable,
llenando el espacio presente
y el porvenir.
Y no puedo creerlo.
Tenía razón.
Sólo ocurrió en mi dimensión.
En tu universo paralelo...