Hasta en mis sueños, te cuelas.
Una vez y otra, imponiéndote.
Exploto... Dos... Tres...
Agotada y jadeante, temblorosa e inflamada.
Y, sempiterna, tu imagen.
Adueñándose.
Copando hasta el más íntimo espacio.
Sitiando el rincón de olvido de mis espasmos.
Hurgando en los cajones oscuros de mi hambre.
Encarnando todos los señuelos que incitan mis sentidos.
Y, aunque no quieras, me entrego.
Y, aunque no sepas, te pertenezco.
Y, aunque no te interese, te espero.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario