Dejo ese fatuo territorio
de engañosa belleza
y vuelvo a mi puerto
solitario, pero verdadero.
El camino me lleva
en este largo viaje
sin destino
donde el amor
se ha ahogado en lágrimas
-demasiadas lágrimas.
Me queda la esperanza
de encontrar otros ojos
y, al fin, un corazón.
Desconozco la senda,
ignoro por completo el rumbo
en esta negra noche,
pero me anima el señuelo
de una sonrisa imaginada
y un abrazo
tanto tiempo ansiado
que me anuncie
que empieza a amanecer.
15 abril 2005
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