Quisiera cerrar los ojos y quedarme así,
sin pensar ni sentir,
esperando a la eterna noche eterna.
Renunciar por fin a este don maravilloso,
a este milagro,
con el que nunca he sabido mucho qué hacer.
¿Para qué será que me quieres Dios?
Para qué designio misterioso e incomprensible.
Para qué momento inimaginado que justifique todo
lo que me ha tenido que doler.
¿Tan rara soy?
Tan diferente.
Tan de otra forma, tan de otra parte.
Y sigo aquí tratando de entender
qué camino es éste
y adónde me lleva.
Me quedo quieta,
pero no hay sosiego.
El dolor apenas me da a veces un respiro.
Leo a la gente en una pantalla.
Veo la vida por la ventana.
El amor toca a mi puerta y cuando abro
ya no está.
Debo sentirme viva un instante para confirmar
cuantas veces he muerto.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario