No puedo, vida, ser tan generosa.
No puedo, amor, obviar su negativa.
No puedo, dueña, serle indiferente
ni mirar impasible su jardín de maravillas.
Soy apenas humana, diosa.
Pero, ¿merezco su ira?
Caigan sobre mí, entonces, sus relámpagos.
Abátase su furia en mi cabeza
por atreverme a pedirle un respiro.
Un rincón donde tratar
de recuperar el aliento
que con o sin usted ya no tengo.
Pero no me endilgue ofensas
que no son las mías.
No me atribuya engaños
que mentir no es mi falta.
Mi gravísimo pecado es no poder
amarla a pesar de usted.
Domingo, 21 de Noviembre de 2004
01:46 p.m.
15 abril 2005
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario