Viene usted de nuevo, diosa,
a concederme su favor.
Y yo, postrada devota,
sucumbo ante su belleza.
No puedo menos que seguir,
humilde y sorprendida.
Maravillas y misterios del camino.
Giros repentinos.
Temblor y asombro.
Placer y temor.
¿Merezco un segundo de sus ojos?
¿Acaso un instante de su corazón?
24-9-2004
12:20 a.m.
15 abril 2005
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