Una ráfaga.
Un destello.
Una gota.
Un parpadeo.
Un roce.
Apenas un suspiro de tiempo
capaz de alterar los mapas.
Suficiente para cambiar las rutas.
Para hacerme creer que sí
existe el paraíso.
Viernes, 19 de Noviembre de 2004
10:02 a.m.
14 abril 2005
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