Esta exquisitez de dolor
de no poder respirar
si no escucho tu voz.
Este maravilla de desespero
que me da la pista de cuán viva
y de cuán a tu merced estoy.
Esta sorpresa de remolino que me atrapa,
que me engulle, que me arrastra,
y no me deja pensar en nada
que no seas tú.
Este delirio de convicción
de no haber existido nunca
antes de que llegaras.
Este asombro de impaciencia
que me plena.
Esta belleza de sobresalto
que me subyuga.
Este milagro de conmoción
que me despierta.
15 abril 2005
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